lunes, 7 de octubre de 2013

El intendente


El recordaba su niñez. En ese momento no lo pudo poner en palabras, pero lo sintió; juró nunca más cagar en un tacho entre las chapas del rancho. Quería un baño amplio, como los que se veían en las películas.


José Scoti nació en 1942 en un caserío pobre. Los recuerdos de infancia surgen como islotes de memoria mientras el automóvil oficial va hacía el Congreso de la Nación. Un carro de cartoneros, prohijados por los ’90, le trae las imágenes de esa villa gris en los alrededores de Burzaco, en el sur bonaerense. Seis hermanos, algunos de distinta “guasca” -como le dirían en el barrio- todos guachos de padres pero con la madre siempre presente. Siempre las madres están presentes para bien o para mal. En su caso fue para bien. El único cariño que lo humanizó venia de ella y de su tío. Los hermanos estaban también en sus afectos, pero eran distantes al sufrir su liderazgo como el mayor a cargo cuando la madre los dejaba durante el día. Ella trabajaba de domestica en esas casas que tenían un baño como el que soñaba José.

Era inteligente, en la primaria se especializaba en joder a los compañeros pero todo le era perdonado porque en los exámenes era el salvavidas de media aula, sobre todo en historia, lenguaje y matemáticas. En el secundario, donde a veces se forjan las amistades más profundas, conoció a los que serian sus tres amigos de toda la vida. Los cuatro vivieron las aventuras propias de al edad, incluidas las exploratorias al sexo con prostitutas, como era de rigor en esa época. Juntos debutaron de uno en fondo. La excitación tapaba un poco la nausea de lo grotesco. En él se asomaba una sensibilidad heredada de su madre que se lo transmitió en los hechos; la dignidad del trabajo y el respeto con la propiedad ajena. Pero “la calle” educa mas que la familia cuando la ambición es revancha. En la calle hay una realidad de brutalidad absoluta producida por la fuerza del dinero, “el gran moderador de la vida pública y privada” le diría algún jefe capanga.

Sin profesión o herencia sólo veía el camino de la política como alternativa de ser “alguien” pero no sabia como empezar. Esa idea lanzada en su imaginario se encontraría con la oportunidad en el futuro.

Los cuatro eran peronistas, habían vivido en carne propia la alegría y el privilegio de ser niños en la década dorada. A los 8 años él ayudaba a su tío los fines de semana, entusiasmado más por la diversión que por la obligación. Mientras que pretendía levantar paredes el tío le cantaba la marchita, “Todos unidos triunfaremos…” que él repetía a coro. A esa edad José estaba curtido por la tragedia de la miseria, que surgía a golpe de vista cuando acompañaba a su madre al centro. Esa conciencia de realidades tan abismalmente distintas siempre dejan marcas en el alma.

El tío fue de los primeros en ir a la Plaza el 17 de Octubre del ’45. Siempre recordaba que un día él le enseñó -riendo a carcajadas- la foto de la portada del diario Crítica, donde aparecía alguien subido a una columna de alumbrado; el tío le decía que era él que se subió para verlo mejor a Perón saliendo al balcón de la Rosada. Nunca supo si se reía porque era una mentira o de emoción contenida por el recuerdo verdadero. Se enteró que los ladrillos y chapas para levantar la nueva casa se los daban la Fundación Evita, y que por primera vez iba a disfrutar de un baño adentro. La noche anterior a la mudanza vio a su madre llorar de alegría mientras cocinaba. Años después él y sus tres amigos lo acompañaron a su tío en interminable caravana para despedir a la que llamaban “abanderada de los humildes”. A los trece años lo quiso acompañar pero su madre se negó, era el ’55 y su tío nunca volvió. Era militante de la UOCRA y como muchos mas cayeron defendiendo la dignidad de ser ciudadanos con derechos.

José ya había pasado por pocos empleos con sueldos y patrones miserables. Ya recibidos del comercial, sus amigos entraron como empleados municipales con un futuro gris pero asegurado. Habían logrado el nombramiento, como casi todos, por favores debidos a algún familiar, una coima o arreglo pertinente. No eran amantes del trabajo. El futbol, las mujeres y el truco estaban entre sus primeras prioridades. El criticaba esa desidia, pero por afecto, cada tanto era de la partida.

-¡Todo está en manos de la justicia y debemos ser respetuosos de los tiempos y el debido proceso! Le respondía desafiante a la pregunta del periodista novato, que casi lo increpaba al bajar del auto en el ingreso al Honorable Congreso de la Nación. El tema fue tapa en algún diario sobre las denuncias de corrupción hecha por los vecinos, en relación a su primera gran contratación de servicios. El asunto había sido negociado seis meses después de asumido como intendente. La recolección de basura representaba el 40% del presupuesto municipal. La empresa estaba sospechada de tener ganancias siderales al incluir los aumentos decretados como adicionales al mes de iniciar la contratación. La letra chica que le dicen, la avalaba.

En los años ‘60 José logra ingresar al sindicato de la UOCRA por los conocidos de su madre, los compañeros que habían despedido a su tío en la capilla ardiente que se realizó en el local cerrado que el sindicato tenia en Monte Grande. A los 23 años tenia sus primeros representados en una fábrica de cemento armado. Allí pudo sentir por primera vez lo que significaba tener poder. Se imagino que ese era el trampolín para saltar al Consejo Deliberante. Pero para eso tenia que esperar a que la democracia volviera a su cauce, algo que iba a ocurrir en los ’70, cuando la dictadura de la llamada Revolución Argentina se declaraba incompetente por sus propias incongruencias y el movimiento de pinzas entre el sindicalismo leal a Perón y las organizaciones armadas que contaban con la aprobación del astuto general. Esa década fue para José el aprendizaje de cómo se hace política a partir de alianzas, aprietes y dinero, que él veía pasar de largo, mientras recordaba nombres y comprendía como se formaban las estructuras de poder.

Comenzó a escalar con el retorno de Perón. La sortija quedó en sus manos cuando conoció a Rucci. El secretario general de la CGT era el elegido del líder para coordinar su retorno definitivo a su patria, y José se ganó su confianza. Sus tres amigos le pusieron el cuerpo y las ganas para ayudarlo en el ascenso. Si bien el trabajo en la “muni” los acotaba, sacaron tiempo a sus vicios para apoyar al amigo. Pasaron largas noches de  invierno haciendo pintadas con la frase “Perón vuelve y Viva Perón” sintetizada en forma de logo con la P inserta en el espacio vacío dentro de la V. La “yuta” los corría y varias veces los llevaron a la comisaría para fajarlos bien fajados, cosa de adoctrinar en la carne y evitar la reincidencia. Pero los tres aguantaron. Apoyados más en los códigos de lealtad que en la convicción partidaria. Eran peronistas pero no entendían bien la cosa política, la Justicia Social como principio les quedaba claro por experiencia, pero lo de Soberanía Política o Independencia Económica, los intuían como el resto del pueblo. La elección por quien votar era una cuestión de sentimientos hacia un líder o por afinidad de clase. Algo que también sucedía en los partidos conservadores, donde la elección se basaba en la tradición y en un concepto de libertad ligado más a la propia libertad de hacer riqueza, que a reconocer el derecho de los trabajadores. José entendió en esa época el sentido profundo del párrafo de la marchita que decía “…combatiendo al capital”.

Todavía tenia fresco en su memoria el aroma a pólvora del enfrentamiento en la Richieri, cuando se dividieron las aguas a la diestra y siniestra del general. La contradicción doctrinal que tan hábilmente había manejado desde Puerta de Hierro se evidencio en todo su dramatismo al pisar el teatro de operaciones. El quedó a la derecha de Perón junto con todo el sindicalismo “leal”. Desde el enorme palco construido cortando la ruta, paralelo al puente de la 205, él y sus tres amigos y compañeros se tirotearon con los “zurdos”, los tres salieron heridos, dos de gravedad. A partir de ahí José se sumo a la cadena del odio por la sangre derramada que duraría otra década, y más. La cosa se salió de control desde que se supo que el “Brujo” puso a Osinde como encargado de seguridad. Fachos y Zurdos en armas, eran los actores del conflicto dialectico en el medio de la Guerra Fría. Pronto del otro lado de la cordillera la sangre también definiría un solo ganador.

Ese año había ingresado al Consejo Deliberante como 15º Concejal del Partido Justicialista local. Asumió en Mayo y sobrevivió a las internas que terminarían arrasando con el gobierno de Cámpora y ese mismo año con la vida de Rucci. El operativo Traviata asesinó de 23 balazos a su principal referente sindical. La fórmula Perón-Perón también termino un año después con la vida del Teniente General y Presidente de la Nación. El autodefinido león herbívoro partió de este mundo con el grado mas alto del ejercito Sanmartiniano. La muerte corría el telón al más importante y controversial político argentino del siglo XX. Mientras tanto el “Brujo” sembraba el terror. En el país se desató la bestia fascista que enhebraba los caireles color sangre convencido de su misión sagrada. La edad oscura de la República había llegado y con ella la mas cruel dictadura de la América toda.

El retorno de la democracia lo encontró a José transformado en un cuadro político. Tanta sangre de pueblo se convirtió en revancha para los peronistas, ahora despojados del ala izquierda. Alfonsín pudo convencer más pero terminó jaqueado por el poder real. El peronismo sin Perón encontró en el Turco más potencia nacional y popular que en Cafiero y al poco tiempo, al ser electo, aquel se despojó de sus compromisos electorales asumidos en campaña y el país fue colonia una vez mas.

José había escalado alto y después de la reelección del ’95 llegó a ser intendente. Se desbocó con el registro de poder y sus tres amigos, ascendidos a cargos políticos lo jodieron por inexpertos. El contrato final tenia clausulas no incorporadas en los pliegos. La burrada era tal que sus propios abogados le aconsejaron anular la licitación. El no quiso, se emperró en que era legal acordar clausulas por imponderables. En realidad eran sus ansias de dinero rápido la que marcaba el ritmo a su mente.

El senador prendió un habano, dio tres pitadas rápidas y el circulo ardiente se dibujo en la punta del puro. Otra pitada lenta y largando el humo al techo le dijo.
-Mira José, el Turco está que trina. Le metes un quilombo justo que la oposición se cansó de llamarnos corruptos en la reelección, y vos a los seis meses salís con esto.
-Senador yo puedo arreglarlo, deje que hable con la prensa. Están queriendo plata.
-Todos quieren plata José, pero esto es muy distinto. Esos boludos que pusiste en Obra y Servicio Público son muy nabos. ¡Como van a pelearse con Neustand! el Turco me dijo que los rajes ya.
-Senador deme 24hs. Otros abogados me dicen que las posibilidades de justificar…
-José no te pongas en difícil, el Jefe manda y todos cumplimos, te olvidaste quien te puso ahí… o queres volar vos y toda tu cría. ¡A ver si entendes viejo! -Gritó-.
El senador había perdido la calma inicial, el puro dibujaba siluetas de humo mientras gesticulaba con vehemencia. José callado escuchaba la larga perorata del anciano político que al terminar le exigió una respuesta inmediata.

De vuelta al sur bonaerense seguía encadenando recuerdos de su militancia rica en anécdotas de luchas ganadas y pérdidas, sus tres amigos aparecían en casi todas. Recordó a su madre y a su tío, también la casa que él construyó y en la que aun vivían sus hermanos. Un sabor y un olor acre del habano le había quedado en la boca y en la ropa. Sólo estaba convencido de una sola cosa; José Scoti nunca volvería a perder.

JCF/Setiembre de 2013

lunes, 31 de diciembre de 2012

El humanismo existencialista.


Resumen del libro Un humanista contemporáneo, de Salvatore Puledda. Del capitulo El humanismo existencialista. (pag 30-36 versión digital).

Los textos publicados en este libro testimonian, aunque parcialmente, la investigación que fue el hilo conductor de la vida de Salvatore Puledda: el ser humano, su origen y su destino, su historia y sus aspiraciones, sus conquistas y sus posibilidades evolutivas. Esta investigación, que parte de la ciencia (Puledda era químico), ha abarcado la filosofía, la mitología, la historia y la política. En Interpretaciones del humanismo, a través del análisis de los contextos histórico-filosóficos que dieron lugar a distintas formas de interpretar el humanismo, conduce al lector a aclarar el concepto mismo de humanismo y a descubrir el Nuevo Humanismo —el Humanismo Universalista, que encuentra su fundamento en las obras de Silo— que hoy se perfila frente a la nueva civilización que está emergiendo y que, por primera vez en la historia, tendrá una dimensión planetaria, común a todos los seres humanos.  

El humanismo existencialista

Inmediatamente después de la segunda guerra mundial, el panorama cultural francés se ve dominado por la figura de Sartre y por el existencialismo, la corriente de pensamiento que él contribuyó a difundir a través de su obra de filósofo y escritor, y de su engagement o compromiso político-cultural.

La formación filosófica de Sartre recibe principalmente la influencia de la escuela fenomenológica. Becado en Alemania en los años 1933-34, Sartre entra en contacto directo con el pensamiento de Husserl y Heiddeger. Es precisamente en la fenomenología y en su método de investigación que Sartre encuentra los instrumentos para superar la filosofía académica francesa de su tiempo, fuertemente teñida de espiritualismo e idealismo, hacia la que siente un neto rechazo.

Para Sartre —que hace propia la posición de Husserl— la conciencia no es un simple contenedor de «hechos» síquicos, ni una suerte de espejo que pasivamente refleja, o deforma, la realidad externa; la conciencia es fundamentalmente intencional, activa, posee su propio modo de estructurar los datos sensibles y de construir «realidades» que, aun dependiendo de éstos, presentan características que les son propias y específicas.

La aplicación del método fenomenológico a temas de sicología se formaliza en tres ensayos: La imaginación (1936), Esbozo de una teoría de las emociones (1939) y Lo imaginario (1940). Para Sartre no se trata de estudiar esta o aquella emoción, o de recoger datos sobre particulares comportamientos emotivos —como lo haría un sicólogo tradicional—, sino de ir a las estructuras fundamentales de la conciencia que permiten y explican el fenómeno emotivo. La emoción y la imaginación son tipos organizados de conciencia, modos particulares de relacionarse con el mundo, de atribuir un significado a las situaciones que se viven. Además, las imágenes mentales no son simples «repeticiones» de datos externos, de objetos, o de hechos; la función imaginativa, al contrario, revela la propiedad fundamental que tiene la conciencia de tomar distancia de las cosas, de trascenderlas, y de crear libremente otra realidad, como la actividad artística demuestra en sumo grado.

Sartre reformula el concepto fundamental de la fenomenología —la intencionalidad de la conciencia— como trascendencia hacia el mundo: la conciencia trasciende a sí misma, se supera continuamente hacia el mundo de las cosas. Pero el mundo, a pesar de ser el soporte de la actividad intencional de la conciencia, no es reductible a ésta: es lo otro para la conciencia, es la realidad de las cosas y los hechos, realidad maciza y opaca, dada, gratuita. El mundo es absurdo e injustificable: está ahí, pero podría no estar porque nada lo explica; es contingente, pero sin embargo esta allí, existe. O mejor dicho ex-siste, en el lenguaje sartriano, o sea emerge, asomándose a la conciencia.

Entre tanto, el horizonte político internacional se iba oscureciendo nuevamente con los primeros síntomas de la «Guerra Fría» entre la URSS y Estados Unidos, y nuevas amenazas de conflicto comenzaban a condensarse sobre la Europa dividida.

Fue así que, en el nuevo clima de post-guerra y en la confrontación con el marxismo, Sartre se esforzó por reelaborar su existencialismo, enfatizando principalmente los aspectos éticos y las implicancias intersubjetivas y políticas. El existencialismo se reformula como doctrina humanista, en cuyo centro están el hombre y su libertad, pero además invoca el compromiso militante en la sociedad y la lucha contra toda forma de opresión y alienación.

Es entonces con esta intención que Sartre publicó, en el año 1946, El existencialismo es un humanismo. «Trataré hoy de responder a todas estas críticas dispares y es por ello que he titulado esta breve exposición. El existencialismo es un humanismo. Muchos se maravillarán de que aquí se hable de humanismo. Veremos en qué sentido lo entendemos como tal.
Nuestro punto de partida es, en efecto, la subjetividad del individuo, y esto por razones estrictamente filosóficas... No puede haber, en principio, otra verdad que ésta: yo pienso, por lo tanto soy. Esta es la verdad absoluta de la conciencia que se aprehende a sí misma. Toda teoría que considere al hombre fuera del momento en el cual él se alcanza a sí mismo, es antes que nada, una teoría que suprime la verdad, porque fuera del «cogito» cartesiano todos los objetos son solamente probables; y una doctrina de probabilidad que no esté sostenida por una verdad se hunde en la nada. Para describir lo probable es preciso poseer lo verdadero. Entonces, para que exista una verdad cualquiera, necesitamos una verdad absoluta; y ésta es simple, fácil de lograr, puede ser entendida por todos y consiste en aprehenderse a sí mismo sin intermediarios.»

Él cae en cuenta de que no puede ser nada (en el sentido en que se dice que alguien es simpático, malo, o celoso) si los otros no lo reconocen como tal. «Para obtener una verdad cualquiera sobre mí mismo es necesario que la consiga a través del otro. El otro es tan indispensable para mi existencia como para el conocimiento que yo tengo de mí. En estas condiciones el descubrimiento de mi intimidad me revela, al mismo tiempo, al otro como una libertad colocada frente a mí, la cual piensa y quiere solamente para mí o contra mí. Así descubrimos inmediatamente un mundo que llamaremos la inter-subjetividad, y es en este mundo que el hombre decide sobre lo que él es y sobre lo que los otros son».

Sartre reformula el concepto fundamental de la fenomenología —la intencionalidad de la conciencia— como trascendencia hacia el mundo: la conciencia trasciende a sí misma, se supera continuamente hacia el mundo de las cosas. Pero el mundo, a pesar de ser el soporte de la actividad intencional de la conciencia, no es reductible a ésta: es lo otro para la conciencia, es la realidad de las cosas y los hechos, realidad maciza y opaca, dada, gratuita. El mundo es absurdo e injustificable: está ahí, pero podría no estar porque nada lo explica; es contingente, pero sin embargo esta allí, existe. O mejor dicho ex-siste, en el lenguaje sartriano, o sea emerge, asomándose a la conciencia.

Lo mismo vale para el ser humano: es contingente, está destinado a morir, podría no estar, pero no obstante existe, está allí, arrojado en el mundo sin haberlo elegido, en-situación, en un tiempo dado y en un lugar dado, con ese determinado cuerpo y en esa determinada sociedad, interrogándose «bajo un cielo vacío». Y la náusea es entonces esa sensación de radical desasosiego que la conciencia registra frente a lo absurdo y a la contingencia de todo lo que existe, luego de haber puesto en crisis, o suspendido según el lenguaje de Husserl, los significados y los valores habituales.

En El ser y la nada (1943), la conciencia es descrita en lacerante tensión con el mundo que la rodea (el ser) con el que se encuentra necesariamente en relación, pero con el cual no se siente jamás en armonía completa. La conciencia, que es libertad absoluta de crear los significados de las cosas, de las situaciones particulares y del mundo en general, está siempre obligada a elegir, a discriminar la realidad. Por su propia constitución, ella contiene en sí misma a la nada en cuanto continuamente niega, anula lo existente, proyectándose más allá de lo que ya está dado, de lo que ya está hecho, creando nuevos proyectos, nuevas posibilidades. En esta tarea de incesante proyección y de auto-proyección que anula y reconstruye el mundo, el hombre es, por esencia, sus propias posibilidades; su existencia está de continuo puesta en juego por sus elecciones, proyectos y actos. Por lo tanto, lo que caracteriza a la realidad humana no es una esencia preconstituida, sino precisamente el existir, con un incesante preguntarse sobre sí misma y sobre el mundo, con su libertad de elegir y elegirse, con su proyección hacia el futuro, con su ser siempre más allá de sí misma. Pero es justamente la libertad de elegir, esta libertad absoluta que es la esencia misma de la conciencia, la que genera angustia. En El ser y la nada, siguiendo tanto a Kierkegaard y como a Heidegger, Sartre define a la angustia como la sensación de vértigo que invade al hombre cuando éste descubre su libertad y se da cuenta de ser el único responsable de las propias decisiones y acciones. A diferencia del miedo, que se refiere siempre a un objeto, la angustia no tiene referencia precisa, sino que es más bien «miedo a tener miedo» o, como decía Kierkegaard, es «temor y temblor» frente a la indeterminación y a la complejidad de las alternativas de elección que se presentan en la existencia. Y es para huir de la angustia que anida en la libertad, para eludir la responsabilidad de la elección, que los hombres recurren a menudo a esas formas de auto-engaño que constituyen los comportamientos de fuga y excusa, o a la hipocresía de la mala fe, cuando la conciencia trata de mentirse a sí misma, mistificando sus motivaciones y enmascarando e idealizando sus fines. Es el modo de ser no-auténtico de los burgueses descritos despiadadamente algunos años antes en la novela La náusea (1938) y en la colección de cuentos El muro (1939).

Todos los existencialistas de distinta extracción, ya sea cristiana o atea, incluso Heidegger y Sartre concuerdan en esto: que en el ser humano la existencia precede a la esencia. Para aclarar este punto, Sartre da el siguiente ejemplo: «Cuando se considera un objeto fabricado, como por ejemplo un libro o un cortapapel, se sabe que tal objeto es obra de un artesano que se ha inspirado en un concepto. El artesano se ha referido al concepto de cortapapel y, al mismo tiempo, a una técnica de producción preliminar que es parte del concepto mismo y que en el fondo es una «receta». Por lo tanto el cortapapel es por un lado un objeto que se fabrica de una determinada manera y, por otro, algo que tiene una utilidad bien definida... Por lo que concierne al cortapapel, diremos entonces que la esencia —o sea, el conjunto de los conocimientos técnicos y de las cualidades que permiten su fabricación y su definición— precede a la existencia..

Así, dice Sartre, en la religión cristiana, sobre la cual se ha formado el pensamiento europeo, el Dios creador es concebido como un sumo artesano, que crea al hombre inspirándose en una determinada concepción, la esencia del hombre, tal como el artesano común fabrica el cortapapel. En el Setecientos, (Nota de aclaración: entiendo que se refiere a 1700 Siglo XVIII) la filosofía atea ha eliminado la noción de Dios, pero no la idea de que la esencia del hombre precede a su existencia. Según tal concepción, dice Sartre, «...esta naturaleza, o sea el concepto de hombre, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal: el hombre» Éste afirma que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el cual la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de ser definido por algún concepto: este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa en este caso que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre ante todo existe, se encuentra, surge en el mundo, y que luego se define. El hombre, según la concepción existencialista, no es definible, en cuanto al principio no es nada. Será sólo después, y será como se habrá hecho». Y más adelante precisa: «...el hombre no es de otro modo más que como él mismo se hace. Este es el primer principio del existencialismo. Y es también aquello que se llama subjetividad y que se nos reprocha con este mismo término. Pero, ¿qué queremos decir nosotros con esto, sino que el hombre tiene una dignidad más grande que la piedra o la mesa? Nosotros queremos decir que el hombre en primer lugar existe, o sea que él es en primer lugar aquello que se lanza hacia un porvenir y aquello que tiene conciencia de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es, al comienzo, un proyecto que se vive a sí mismo subjetivamente; ...nada existe antes de este proyecto; ...el hombre, ante todo, será aquello que habrá proyectado ser» Refiriéndose a uno de los inspiradores del existencialismo, Dostoievski, Sartre afirma: «Dostoievski ha escrito: 'Si Dios no existe, todo está permitido'. He aquí el punto de partida del existencialismo. Efectivamente todo es lícito si Dios no existe, y como consecuencia el hombre está «abandonado» porque no encuentra en sí ni fuera de sí la posibilidad de anclarse. Y sobre todo no encuentra excusas. Si verdaderamente la existencia precede a la esencia, no podrá jamás dar explicaciones refiriéndose a una naturaleza humana dada y fija; en otras palabras, no hay determinismo: el hombre es libre, el hombre es libertad».

Éstas son entonces las ideas fundamentales del humanismo existencialista, según Sartre las formulara en 1945-46. Pero el pensamiento de Sartre sufrió, en los años sucesivos, continuos reajustes y, a veces, mutaciones profundas en un difícil itinerario que llevó al filósofo primero a ser un «compañero de camino» del Partido Comunista francés y luego a asumir una posición de abierta ruptura con éste, después de la invasión de Hungría en 1956. Asimismo, varias de las ideas expuestas en El existencialismo es un humanismo fueron reelaboradas más tarde. Después del encuentro con el marxismo, que lo estimuló a hacer un análisis más profundo de la realidad social, Sartre pasó a sostener la idea de una libertad ya no absoluta, sino condicionada por un conjunto de factores sociales y culturales.


jueves, 15 de marzo de 2012

La Meditación.


Krishnamurti fue un conocido escritor y orador en materia filosófica y espiritual. Sus principales temas incluían la revolución psicológica, el propósito de la meditación, las relaciones humanas, la naturaleza de la mente y cómo llevar a cabo un cambio positivo en la sociedad global.

Krishnamurti nació en la ciudad de Madanapalle, Andhra Pradesh, en la India colonial, y fue descubierto en 1909, cuando aún era un adolescente, por Charles Webster Leadbeater en las playas privadas del centro de la Sociedad Teosófica de Adyar en Madrás, India. Posteriormente fue adoptado y criado bajo la tutela de Annie Besant y C.W. Leadbeater dentro de la Sociedad Teosófica, quienes vieron en él a un posible Líder Espiritual. Sin embargo, rehusó a ser el mesías de un nuevo credo, hasta que en 1929 disolvió la orden creada para ese fin.

Alegaba no tener nacionalidad, ni pertenecer a ninguna religión, clase social, o pensamiento filosófico. Pasó el resto de su vida como conferenciante y profesor viajando por el mundo y enseñando sobre la mente humana, tanto a grandes como a pequeños grupos. Fue autor de varios libros, entre ellos La libertad primera y última libertad, La única revolución y Las notas de Krishnamurti. A la edad de 90 años dio una conferencia en la ONU acerca de la paz y la conciencia, y recibió la Medalla de la Paz de la ONU en 1984. Su última conferencia fue dada un mes antes de su muerte en 1986.

La meditación 
según Jiddu Krishnamurti

La meditación es lo mas importante en la vida de todo ser humano, que aspire a conocerse profundamente, y así desarrollar una dimensión espiritual, no necesariamente ligada a una religión.

Para comprender la meditación, para investigarla bien a fondo, ante todo debemos comprender la palabra y el hecho "meditación", porque casi todos nosotros somos esclavos de las palabras.

La palabra misma "meditación" induce en muchas personas cierto estado, cierta sensibilidad, cierta quietud, un deseo de lograr esto o aquello. Pero la palabra no es el acto.

La palabra, el símbolo, el nombre, si no se comprende totalmente, es algo terrible. Actúa como una barrera, convierte a la mente en una esclava de los prejuicios. Se levanta un muro entre lo que realmente es y lo que suponemos que es.
Superar ese muro es una de las cosas más difíciles. Ya que implica el riesgo de intentar aprehender con una mente abierta la experiencia de meditar.
Esa es una tarea muy ardua para una mente; exige precisión y claridad.

Sin claridad, uno no puede ver las cosas como son.
Hay una belleza extraordinaria en ver las cosas tal como son, y no desde nuestras opiniones, nuestros juicios y recuerdos.

Uno tiene que ver el árbol tal como es, sin confusión ninguna; de igual manera, tiene que ver el cielo que en un atardecer se refleja sobre el agua; simplemente ver, sin verbalizar, sin despertar símbolos, ideas o recuerdos.

En eso hay una belleza extraordinaria.

Y la belleza es esencial. La belleza es la apreciación, la sensibilidad a las cosas que a uno lo rodean: la naturaleza, la gente, las ideas. Si no hay sensibilidad, no habrá claridad; las dos cosas van juntas, son sinónimos. Esta claridad es esencial si queremos comprender qué es la meditación.

Una mente confusa, atrapada en las ideas, en las experiencias, en todos los impulsos del deseo, sólo engendra conflicto.

Si no hay meditación, no es posible ir más allá de los límites del pensamiento, de la mente y el cerebro. Y para investigar este problema de la meditación, desde el principio mismo tenemos que echar los cimientos de la virtud.

No me refiero a la virtud impuesta por la sociedad, una moralidad originada en el temor, la codicia, la envidia, en ciertos premios y castigos. Hablo de la virtud que se genera de modo natural, fácil y espontáneo, sin conflicto ni resistencia de ninguna clase, cuando hay conocimiento propio.

Sin conocimiento propio, hagan lo que hicieren, no es posible el estado de meditación.

Por "conocimiento propio" se entiende conocer cada pensamiento, cada estado de ánimo, cada sentimiento, conocer la actividad de nuestra mente. En definitiva la condición previa para meditar es estar atento. Es importante comprender qué es este conocimiento propio; ese  simplemente estar alerta, es observar nada más el movimiento de la mente.

Por consiguiente, ante todo uno debe estar muy claro, no confuso. La claridad es esencial. Entiendo por claridad; ver las cosas como son, ver "lo que es", sin opinión ninguna, ver el movimiento de la propia mente, observarlo con diligencia, con atención y minuciosidad, sin ningún propósito, sin directiva alguna.

El simple observar requiere una claridad asombrosa; de lo contrario, no es posible observar.

Si uno observa a una hormiga en sus movimientos, realizando todas las actividades que realiza, y aborda la observación con los distintos hechos biológicos que conoce acerca de la hormiga, ese conocimiento le impide observar.

Podemos observar como la mayoría de nosotros acepta las cosas muy fácilmente, somos crédulos porque ansiamos consuelo, seguridad, un sentimiento de esperanza, deseamos que alguien nos salve -Maestros, salvadores, gurúes.-. Y aceptamos con prontitud y facilidad; y con igual facilidad negamos, según cómo esté el clima de nuestra mente.

De modo que la "claridad" es ver las cosas como son dentro de uno mismo. Porque uno forma parte del mundo, es el movimiento del mundo. Uno es la expresión externa del movimiento que se desarrolla internamente; es como la marea que sale y entra.

El mero concentrarse en uno mismo, o el observarse como algo separado del mundo, lleva al aislamiento y a todas las formas de neurosis, miedos, fobias, etc.

Pero si uno observa el mundo, si sigue el movimiento del mundo y se deja llevar por ese movimiento cuando éste penetra en lo interno, entonces no hay división entre uno mismo y el mundo, entonces uno no es un individuo opuesto a lo colectivo.

Y tiene que existir este sentido de observación, que consiste tanto en observar como en explorar, escuchar y estar alerta. Uso la palabra observar en ese sentido. El acto mismo de observación es el acto de exploración.

Tiene que haber observación, claridad, conocimiento propio y, a causa de ello, virtud. La virtud es una cosa que florece todo el tiempo en bondad; uno puede haber cometido un error, haber hecho algo feo, pero eso se ha terminado; uno se está moviendo, floreciendo en bondad porque se conoce a sí mismo. Habiendo echado esos cimientos, es posible dejar de lado las oraciones, el murmurar palabras y el adoptar posturas extrañas para meditar.

Si meditamos deliberadamente, eso nos lleva a distintas formas de autohipnosis, a distintas formas de experiencias proyectadas por nuestros propios deseos, por nuestros propios condicionamientos; y esos condicionamientos, esos deseos moldean nuestra mente, controlan nuestro pensamiento.

Por eso, un hombre que de verdad quiera comprender el significado profundo de la meditación, debe comprender el significado de la experiencia; además, su mente tiene que estar libre de toda búsqueda. Eso es muy difícil. Porque eso es lo que todos persiguen: cuanto más pueden controlar el pensamiento, más creen que han avanzado en la meditación. Para mí, cualquier forma de control --físico, psicológico, intelectual, emocional-- es nociva. Por favor, escuchen cuidadosamente. No digan: "Entonces haré lo que me plazca". No estoy diciendo eso.

Estar atentos implica un estado extraordinario de la mente --estar atentos a cuanto los rodea, a los árboles, al pájaro que canta, al Sol que está detrás de ustedes; estar atentos a los rostros, a las sonrisas; estar atentos a la suciedad del camino, a la belleza de la tierra, a la palmera contra el cielo rojo del crepúsculo, a la onda sobre el agua--, simplemente estar atentos, sin preferencia alguna.

Escuchen a esos pájaros, sin nombrarlos, no reconozcan la especie, sólo escuchen el sonido. Escuchen los movimientos del propio pensar, no los controlen, no los moldeen, no digan: "Esto es bueno, eso es malo". Simplemente, dejenlos pasar no se apeguen a ellos. Eso es la percepción alerta, en la que no hay opción, ni condena, ni juicio, ni comparación o interpretación; sólo observación pura. Eso hace que la mente sea altamente sensible. En el momento en que nombran o encasillan, han retrocedido y la mente se embota, porque eso es lo que acostumbran hacer todos los días.

En ese estado de percepción alerta hay atención, no control ni concentración. Hay atención. O sea, escuchan a los pájaros, ven la puesta del Sol, contemplan la quietud de los árboles, oyen pasar los automóviles, oyen a quien les habla; y están atentos al significado de las palabras, a sus propios pensamientos y sentimientos y al movimiento de esa atención. Están atentos globalmente, sin un límite, no sólo de manera consciente, sino también inconscientemente.

Ahora bien, esta atención exige una energía tremenda, se trata de la energía del conocimiento propio. Gracias a que han echado los cimientos correctos, de ello surge la energía que necesitan para estar atentos, energía en la que no hay ningún sentido de concentración.

Esa mente silenciosa ya no busca, no espera experiencias; no experimenta nada en absoluto. Confío en que comprendan todo esto. Tal vez no lo comprenden. No importa, simplemente escuchen. No se sientan hipnotizados por mí, sino presten atención a la verdad de esto.

Quizás entonces, cuando estén caminando por la calle o se encuentren sentados en un bar o contemplando la lluvia o un campo sembrado, el estado de meditación llegue inadvertidamente, como un susurro desde una tierra muy remota. Así, la mente quedará en completo silencio, sin ninguna forma de presión, ni compulsión.

Este silencio no es algo producido por el pensamiento, porque el pensamiento ha cesado, toda la maquinaria del pensamiento ha llegado a su fin. El pensamiento debe terminar; de lo contrario, producirá más imágenes, más ideas, más ilusiones, más, más y más.

Cuando la mente está por completo silenciosa, entonces, a causa de ese silencio, en ese silencio mismo, hay un movimiento por completo diferente.

Ese movimiento no es un movimiento creado por el pensar, por la sociedad, por lo que ustedes han leído o no han leído. Ese movimiento no pertenece al tiempo o a la experiencia, porque no contiene experiencia alguna.

Para una mente silenciosa no hay experiencias.

Una luz que arde brillantemente, una luz intensa, no requiere nada más, es luz para sí misma. Ese movimiento no es un movimiento en ninguna dirección, porque la dirección implica tiempo. Ese movimiento no tiene causa, porque cualquier cosa que tenga una causa produce un efecto y ese efecto se convierte en la causa y así sucesivamente: una cadena interminable de causa y efecto.

Por lo tanto, no hay en absoluto ni efecto, ni causa, ni motivo, ni experiencia. Debido a que está por completo quieta, naturalmente silenciosa, ya que ustedes han echado los cimientos correctos, la mente se halla relacionada de manera directa con la vida, no está divorciada del vivir cotidiano.

Si la mente ha llegado hasta ahí, ese movimiento es creación. Entonces no hay ansiedad por expresarse, porque una mente en estado de creación puede expresarse o no expresarse. Ese estado de la mente que se halla en completo silencio tiene su propio movimiento; esa mente se moverá en lo desconocido, en aquello que es innombrable.

Fuente: http://omarpal.blogspot.com


jueves, 13 de octubre de 2011

La ciencia empieza a comprender la consciencia.

Entrevista a Jean-Pierre Garnier Malet, padre de la teoría del desdoblamiento del tiempo, publicada en La Vanguardia.

- Tengo 70 años. Vivo en París. Casado, 2 hijos y 3 nietos. Soy doctor en Física, mi especialidad es la mecánica de los fluidos. La política debe sustentarse en la tolerancia. Tengo la certeza de que hay que pensar en los demás como nos gustaría que los demás pensaran en nosotros.

- Su teoría ¿está avalada por la ciencia?
- La respetada revista American Institute of Physics de Nueva York y su comité científico la han validado publicándola en el 2006 porque es una teoría que ha permitido, primero, prever, y luego, explicar la llegada de planetoides al sistema solar. ¿Quiere que le explique para qué sirve la ley del desdoblamiento del tiempo?
- Sí, pero sencillito.
- Tenemos dos tiempos diferentes al mismo tiempo: un segundo en un tiempo consciente y miles de millones de segundos en otro tiempo imperceptible en el que podemos hacer cosas cuya experiencia pasamos luego al tiempo consciente.
- ¿Y todo eso sin enterarnos?
- Exacto. Tengo una síntesis instantánea de un análisis que he realizado en otro tiempo aunque no tenga la memoria de ello.
- ¿Así funciona el tiempo?
- Sí, en cada instante presente tengo un tiempo imperceptible en el cual fabrico un futuro potencial, lo memorizo y en mi tiempo real lo realizo.
- ¿?
- Tenemos la sensación de percibir un tiempo continuo. Sin embargo, tal como demuestran los diagnósticos por imágenes, en nuestro cerebro se imprimen solamente imágenes intermitentes. Entre dos instantes perceptibles siempre hay un instante imperceptible.
- ¿Como en el cine, que sólo vemos 24 imágenes por segundo?
- Sí, la número 25 no la vemos, es subliminal. En publicidad se ha utilizado ese tipo de imágenes para influir con éxito en nuestro comportamiento, lo que ha mostrado que lo subliminal es accesible a nuestra memoria. El desdoblamiento del tiempo ha sido probado científicamente y la teoría ha dado justificaciones a escala de partículas y a escala de sistema solar.
- Tenía entendido que las leyes de la cuántica no se aplicaban a las cosas grandes.
- El fenómeno del desdoblamiento del tiempo nos da como resultado el hombre que vive en el tiempo real y en el cuántico, un tiempo imperceptible con varios estados potenciales: memoriza el mejor y se lo transmite al que vive en el tiempo real.
- ¿Nuestro otro yo cuántico crea nuestra realidad?
- Podríamos decir que entre el yo consciente y el yo cuántico se da un intercambio de información que nos permite anticipar el presente a través de la memoria del futuro. En física se llama hiperincursión y está perfectamente demostrada.
- ¿Estoy desdoblada como la partícula?
- Sí. Y sabemos que, si tenemos dos partículas desdobladas, ambas tienen la misma información al mismo tiempo, porque los intercambios de energía de información utilizan velocidades superiores a la velocidad de la luz. ¿Conoce el principio de los gemelos de Langevin?
- No.
- En los años 20, Paul Langevin demostró que si un gemelo viajaba a la velocidad de la luz, envejecía menos que el que se quedaba quieto. A Langevin no le creyeron. Hubo que esperar 50 años: en 1970, gracias a los relojes atómicos, se comprobó esa ley.
- Entonces, en ese tiempo imperceptible pasó mucho tiempo.
- Exacto: si puedo viajar a velocidades prodigiosas, un microsegundo se convierte en un día entero. Cuando regreso, no sé si me he ido, puesto que he estado ausente un microsegundo.
- Estupenda propiedad, ¿pero quién es el que viaja?, ¿yo?
- Existe otra propiedad conocida en física: la dualidad de la materia; es decir, una partícula es a la vez corpuscular (cuerpo) y ondulatoria (energía). Somos a la vez cuerpo y energía, capaces de ir a buscar informaciones a velocidades ondulatorias.
- ¿Y cómo asimilamos esa información?
- En el sueño paradoxal, cuando estamos más profundamente dormidos y tenemos nuestra máxima actividad cerebral, se da el intercambio entre el cuerpo energético y el corpuscular. Y es ese intercambio el que le permite arreglar el futuro que ha creado durante el día, lo que hace que al día siguiente su memoria esté transformada.
- Vaya.
- El intercambio se realiza a través del agua del cuerpo. Ese intercambio de información permanente es el que crea el instinto de supervivencia y la intuición.
- ¿Fabricamos potenciales por medio de nuestro pensamiento?
- Así es. Si por ejemplo pienso en una catástrofe, ese potencial ya se inscribe en el futuro y puede sufrirla usted u otro. De manera que la conclusión es: "No pienses en hacer a los demás lo que no quisieras que los demás pensaran en hacerte a ti". No es una ley moral ni filosófica, es una ley física.
- Es difícil controlar el pensamiento.
- De día, mucho; pero justo antes de quedarnos dormidos tenemos un minuto, y basta con que durante ese minuto controlemos: esa es la manera de conectar con esa parte energética, llamémosla el doble, para pedirle que solucione los problemas.
- ¿Es como una oración?
- No: es una relación, y hay que dejar totalmente las riendas al otro; las noches están para eso. La noche no sólo permite borrar potenciales no deseados, sino que también nos guía los pensamientos del día siguiente.
- Asombroso.

La teoría del desdoblamiento del tiempo permitió explicar la llegada de planetoides cerca de Plutón, pero Garnier va mucho más allá y nos cuenta que esa ley es aplicable a nuestra vida: "Tenemos un cuerpo muy bien hecho que nos permite proyectarnos en el porvenir: ir a ver el futuro, arreglarlo y volver para vivirlo. Y es durante la noche cuando tenemos la capacidad de arreglar ese futuro que hemos construido durante el día. Podemos ver los peligros antes de vivirlos por medio de la intuición, y borrarlos".

Algunas claves para comprender y aplicar la Teoría del Desdoblamiento
- Todos tenemos un doble.
- Nuestro doble no es el cuerpo astral o etérico. Es verdaderamente nuestro “yo”,   en otra dimensión.
- Todo ocurre en el eterno ahora.
- La información con nuestro doble se intercambia mediante aperturas entre los distintos tiempos. Estas “aperturas temporales” imperceptibles, son aceleradores del transcurso del tiempo que nos arrastran hacia otros espacios a velocidad prodigiosa.
- Nuestro “doble” es verdaderamente otro “yo”. El cuerpo visible explora el espacio en nuestro tiempo. El otro, generalmente imperceptible, viaja en los diferentes tiempos de nuestro desdoblamiento.
- De manera esquemática podemos decir que un cuerpo energético informa a nuestro cuerpo físico. Toda partícula emite y recibe ondas. Todo organismo recibe informaciones para vivir y sobrevivir.
- El presente actualiza futuros potenciales creados por el pasado. Un cambio de pensamiento de un segundo crea numerosos potenciales de equilibrio en un tiempo acelerado, cuya síntesis instantánea en nuestro tiempo, conllevaría una puesta en forma o recuperación rápida de apariencia milagrosa.
- Nuestro “doble” experimenta muy rápidamente nuestro futuro y, por aperturas
imperceptibles entre los dos tiempos, intercambios permanentes de informaciones nos llevan por el buen camino.
- Es recuperando el principio vital de intercambio de informaciones con nuestro “doble” durante nuestros sueños, que podremos por fin conocer el objetivo de nuestra vida y encontrar el equilibrio capaz de reconducirnos a él.
- Nuestro doble está a nuestro servicio, esperando contactar con nosotros para transmitirnos los mejores instintos de supervivencia, ya que él viaja al futuro y nos transmite la información.
- Tenemos varias potencialidades en nuestro futuro. Se trata de escoger la mejor para beneficio nuestro y de nuestro planeta, aprendiendo a recibir las informaciones de nuestro “doble” y no empezar a poner en duda su existencia.
- No hay necesidad de recordar los sueños. Basta con prepararnos a “bien soñar” por la noche para vivir bien durante el día, modificando nuestros pensamientos (siempre en positivo).
- Momentos antes de dormirnos podemos ponernos en contacto con nuestro “doble”, exponerle nuestros problemas y pedirle que busque la mejor solución posible (de entre los posibles futuros). ¿Recuerdan la frase "lo consultaré con la almohada"?
- Tener total confianza en que tu “doble”, te lo va a resolver de la mejor manera posible (ya que tu doble eres tú en otra dimensión). Tener la “certeza” de que ya te lo resuelve. Tener una actitud de total despreocupación y confianza. No pensar en hacer a los demás lo que no quieras que los demás piensen en hacerte a tí. Estar muy atentos a las señales que nos da la vida. Saber escuchar los “avisos”.
- Estas informaciones provenientes de las “aperturas temporales” imperceptibles nos permiten mejorar nuestro presente. Son siempre tan rápidas que nos llegan bajo la forma de intuiciones, sugerencias y premoniciones.
- El control de las aperturas temporales cambia nuestras noches y también nuestra vida. Además es un medio muy eficaz para ya no estar angustiados o deprimidos frente a una situación delicada, a condición de saber cómo y por qué proceder. En efecto, el saber que el día siguiente será mejor nos alegra el corazón, el estrés desaparece y con él las enfermedades. El dirigir nuestra vida es nuestra responsabilidad.
- Es preciso ser dos para intercambiar información: uno de ellos viaja entre su presente y su futuro. El otro entre ese futuro (que es su presente) y el futuro de ese futuro (que es su propio futuro). Así pues, las tres realidades presentes -del pasado, del presente y del futuro son accesibles al mismo tiempo por intercambios de información en las aperturas temporales.
- Nuestro doble es un explorador o mensajero. Está ahí para asegurarnos el mejor presente a cada instante. Está listo para darnos todas las informaciones necesarias en cuanto se lo pidamos. Puesto que “él” es “yo”, está siempre dispuesto a crearnos el mejor porvenir.
- Cuando estamos seguros de recibir ayuda en todo momento y en todo lugar, esta confianza se vuelve un automatismo saludable.
- Nuestro doble tiene la capacidad de explorar lentamente nuestro futuro, en un tiempo tan rápido que no nos damos cuenta de ello. En nuestro tiempo recibimos sus consejos en forma de sugerencias inmediatas, que crean nuestra intuición.
- El hecho de estar desdoblados sin tener tiempo de darnos cuenta, nos da la sensación de saberlo todo intuitivamente, sin tener que pensar en nada.
- Nuestro cuerpo es un receptáculo de informaciones necesarias que nuestro “doble” llena en cuanto puede. Todas nuestras células obedecen a la voluntad de este otro yo, que espera nuestro consentimiento para venir a visitarnos.
- Su benevolencia es incuestionable porque “él” es “tú”, y siempre lo será puesto que te asegura la vida después de la muerte, en otro tiempo, pero como es imperceptible lo hemos olvidado. Es buscando y reencontrando el contacto con nuestro “doble” que podremos equilibrarnos y entender el objetivo de nuestra vida terrestre.
- ¿Cómo proyectamos nuestro futuro? La anticipación es un principio vital. Es con nuestros pensamientos que proyectamos nuestro futuro. Si vamos por la calle y alguien nos da un empujón y pensamos ¡lo mataría!, este pensamiento ya está abriendo un futuro potencial asesino para nosotros en nuestras aperturas temporales. Esto lo podemos modificar con un sencillo intercambio de información: con un pensamiento contrario y tranquilizador. Así reina la paz en el futuro. La ley de los tiempos es sencilla: “Si nadie en la Tierra pensara en matar, no existiría ningún futuro potencial asesino y la actualización de un asesinato sería imposible”. Todo depende, pues, de nuestro modo de vida y de nuestros pensamientos que crean el conjunto de nuestras posibilidades de futuro y eso durante los aproximadamente veinticinco mil años de nuestro desdoblamiento actual. Nuestro doble puede modificar los futuros que nosotros hemos creado, siempre a petición nuestra. Cuando le damos las gracias, él entiende que va por buen camino y no duda en seguir adelante con lo que ha empezado, en función de las informaciones que recibe de su pasado.
- Restablecer un cuerpo enfermo o acallar una mente angustiada viene a ser cambiar el futuro y consecuentemente cambiar el mundo. El quejarse o lamentarse crea inmediatamente en el futuro algo del que poder quejarse o lamentarse.
- El intercambio de informaciones con un doble no es mágico ni peligroso. Lo peligroso es ignorar la forma de controlar las informaciones que nos llegan a cada instante y de vivir según nuestra conciencia, sin saber quién la llena de pensamientos subliminales sin interés alguno.
- La única dificultad proviene de la forma de pensar, pues no estamos acostumbrados a colocar el futuro antes que el presente. Esta nueva noción del tiempo va a conmocionar el fundamento mismo de todos nuestros pensamientos.
- Dejando nuestro sueño en manos de nuestro doble, es como encontramos o recobramos un equilibrio corporal y, sobre todo, y a su vez, planetario.
Aquél que se mantiene en contacto con su doble, no teme al futuro, cosecha sólo
informaciones capaces de crear y de recibir las mejores posibilidades futuras individuales. Equilibrándose de esta manera, equilibrará al planeta cuyo futuro potencial colectivo mejorará poco a poco. Sólo nuestro doble es capaz de volvernos a dar las ideas que eran las nuestras cuando nacimos.
- Es importante ser conscientes de nuestro último pensamiento antes de quedarnos
dormidos, pues es el que nos dirige al tiempo ralentizado de nuestro doble.
Es el agua de nuestro cuerpo la que almacena y restituye las informaciones. El enfocarnos demasiado en nuestros problemas atrae las energías futuras responsables de nuestras dificultades. Si intentamos encontrar nuestras soluciones de esa manera, atraeremos futuros que pueden no ser los más adecuados. Sin embargo, si pedimos a nuestro doble que resuelva nuestros problemas y clasifique las soluciones, lo atraeremos hacia nosotros y nuestros sueños serán benéficos siempre que aceptemos su solución, con una confianza absoluta, con gratitud y en la certeza de que es el mejor futuro posible.
La mejor manera de quedarnos dormidos es pedir a nuestro doble que nos envíe el mejor futuro que hemos podido crear. "Que se haga tu voluntad". El dejar nuestro lugar de director de orquesta a nuestro doble nos adormece más rápidamente que nuestros deseos o proyectos. Simplificándolo en una sola palabra, sería "encomendarnos".
- Nuestra encarnación en la tierra tiene como objetivo permitir a nuestro “doble” arreglar los futuros que hemos perturbado. Le servimos de trampolín hacia el futuro que deberíamos construir según sus consejos. De esta manera el Apocalipsis volvería a encontrar su sentido etimológico de descubrimiento maravilloso de lo escondido. El planeta sólo actualizaría futuros beneficiosos para todos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Pitagoras II

Síntesis de los ANTECEDENTES DE LA DISCIPLINA MORFOLÓGICA

La decena se representaba como número triangular que, a primera vista, aparece formado por los cuatro primeros números enteros. 1+2+3+4=10. Ésta era la divina “tetrakys”




"La tradición más antigua atribuye a Pitágoras el descubrimiento de los principales intervalos musicales y de las relaciones matemáticas que regulan la armonía en la
música. Pitágoras habría podido llegar a este descubrimiento fundamental a través del estudio de las cuerdas sonoras. Para sus experimentos habría inventado un instrumento musical con una sola cuerda, llamado Canon, cuyo puente móvil permitía variar a voluntad la longitud de la cuerda.

Resulta evidente que si se imprime a la cuerda un movimiento vibratorio con una fuerza constante, el sonido resultante depende de la longitud de la cuerda. Pero entre todas las posibles longitudes, existen algunas que producen sonidos que presentan relaciones especiales y fijas.

Así, dos cuerdas cuyas longitudes son en relación 1:2 (un medio), es decir que una es la mitad de la otra, dan el mismo sonido –la misma nota, diríamos nosotros– en los dos tonos de grave y agudo. Existe entonces un intervalo definido y fijo en cuyos extremos aparecen dos aspectos opuestos –grave y agudo– del mismo sonido. Este intervalo –la octava– se expresa a través de una relación matemática precisa entre las longitudes de las cuerdas. Existen dos sonidos, dados por cuerdas que se encuentran en la relación de longitud 3:2 (tres medios) y 4:3 (cuatro tercios), que poseen características especiales: son tonos intermedios entre grave y agudo, en los que estos dos caracteres opuestos se concilian y armonizan.

Para Pitágoras es posible construir la música en base a estos tres intervalos, llamados armónicos o concordantes. Toda la otra infinidad de sonidos que no obedecen a estas reglas matemáticas precisas, representan, combinándose, un fondo caótico e inarticulado de ruido. Es el número el que introduce armonía y belleza en el mundo de los sonidos. El instrumento musical pitagórico, la lira de siete cuerdas o heptacordo, estaba formado por cuatro cuerdas llamadas fijas que daban los intervalos concordantes de octava, cuarta y quinta y de otras tres cuerdas, llamadas móviles, que se ajustaban en base al tipo de escala requerido.

Pitágoras fue entonces el primero que construyó una teoría de la armonía musical basada en la matemática. Pero fue aún más lejos y llegó a sostener que el número es el principio constitutivo de todo el universo. Recordemos que en la época de Pitágoras, la especulación de los filósofos Presocráticos se centraba sobre el problema de cuál era el principio constitutivo de todas las cosas (arqué). A este problema fundamental se ligaban el de la relación entre el ser y el devenir, y el de la relación entre el Uno y lo múltiple. Para Pitágoras este principio es el número: todo es número.

Aristóteles dice : “Los pitagóricos sostienen que las cosas existentes son números, no números que existen separados de ellas, sino que las cosas están verdaderamente compuestas por números. Ellos sostienen que los elementos de los números son los elementos de todo lo que existe y que todo el universo es una armonía y un número.” Además: “Ellos de hecho construyen todo el universo a partir de los números, pero no de los números abstractos, porque suponen que las unidades poseen extensión.” (Metafísica)

Aquí es necesario aclarar que en primer lugar, para los pitagóricos, los números eran números enteros, concebidos como conjuntos de unidades. En segundo lugar, la matemática pitagórica era una aritmo-geometría, es decir que los números tenían al mismo tiempo un significado aritmético y geométrico. Eran representados por un conjunto de puntos y es así que se hablaba de números cuadrados, triangulares, etc. El número resultaba ser un “conjunto de unidades con una posición” que delimitaba un campo. Cuatro puntos un cuadrado, tres puntos un triángulo, etc.

Los pitagóricos, además, relacionaban los elementos de la geometría con números específicos: así, el número uno se asimilaba al punto, el dos a la línea, el tres a la superficie, el cuatro al volumen. Esto porque dos puntos comportan la idea de línea, tres puntos no alineados la idea de superficie (triángulo), etc. Está claro que desde este punto de vista, la forma espacial podía reducirse a figura geométrica y ésta, a su vez, podía expresarse en términos matemáticos. Mas esto era válido no sólo para la forma visible, para el límite espacial de un objeto, sino también para su estructura interna. Asi expuesto por Pitagoras; “Existen cinco figuras sólidas llamadas los sólidos geométricos; la tierra está hecha por el cubo, el fuego por la pirámide, el aire por el octaedro, el agua por el icosaedro y por el dodecaedro está hecha la esfera del todo."

En síntesis, la visión morfológica que tenían los pitagóricos sobre las cosas, debía ser en cierto modo similar a aquella propuesta por las modernas teorías de las estructuras químicas y de cristalografía. En éstas, las propiedades químicas y físicas de una sustancia se pueden reconducir al ordenamiento espacial de los átomos que siguen siempre estructuras geométricas precisas. Es sabido que en la teoría cristalográfica todos los sólidos cristalinos se organizan en siete sistemas geométricos, determinados por la disposición en el espacio de los átomos, asimilados a puntos.

Pero si todo el universo es número-forma, las leyes del número y su génesis pueden explicar las leyes y la génesis del universo. Todos los números se dividen en dos clases opuestas: pares e impares. Pero esta división en opuestos se encuentra en todo. Así tenemos unidad y pluralidad, derecha e izquierda, macho y hembra, quietud y movimiento, recta y curva, luz y oscuridad, bien y mal, cuadrado y rectángulo dice Aristóteles en su Metafísica.

Desde el punto de vista geométrico, el 'apeiron' es el espacio indeterminado en el cual resaltan las formas; desde el punto de vista aritmético es el continuo indefinido desde donde emergen como islas los números racionales; desde el punto de vista musical es el intervalo del cual surgen los sonidos de la octava. No puede existir una figura geométrica sin un espacio en torno a ella, ni pueden existir unidades numéricas finitas sin algo que las separe, ni notas musicales sin un intervalo que las aísle y defina.

Entonces, como ha sido justamente notado, la de los pitagóricos es una física de lo discontinuo, porque todo aquello que es definido y mensurable emerge a saltos desde un fondo de indefinición y no-mensurabilidad. Pero sin este fondo, la existencia de cualquier fenómeno limitado es inconcebible.

Sin embargo, no parece que para los pitagóricos el apeiron fuese simplemente no-ser. Éste posee existencia, substancia, tal como el universo limitado. El universo limitado surge con la introducción del primer germen de orden (el primer Uno, el
punto) en lo ilimitado (Aristóteles, Metafísica) y se desarrolla a través de un proceso de continua interacción entre los dos principios. No obstante todo esto, las doctrinas de los pitagóricos no son dualísticas. Limitado e ilimitado son solamente dos aspectos de la unidad que los trasciende y sintetiza. Lo mismo vale para el número uno con respecto al par y al impar.

Al contrario que para nosotros, el número uno es par e impar, es decir, participa de ambas características y de él se generan las dos clases de números. Con esto llegamos al concepto central del Pitagorismo, el de Unidad. Para Pitágoras la Unidad es el más alto valor que aparece más allá de la oposición entre limitado e ilimitado. El antagonismo entre estos dos elementos se supera cuando ambos entran en armonía.

La armonía, otro concepto clave del Pitagorismo, es la expresión, la manifestación de la Unidad; se la define efectivamente como “unidad de lo múltiple y concordancia de lo discordante” En la armonía, los opuestos se mantienen unidos por un vínculo de “amistad” y no de antagonismo y su diversidad constituye la multiforme belleza del mundo. El principio de armonía en la morfología pitagórica era simbolizado por el número diez, suma de los cuatro primeros números enteros a través de los cuales, como hemos visto, era posible expresar las relaciones entre los intervalos armónicos.

La decena se representaba como número triangular que, a primera vista, aparece formado por los cuatro primeros números enteros.

Ésta era la divina “tetrakys” sobre la cual los pitagóricos solían pronunciar los juramentos más solemnes. La opinión del autor (Salvatore Puledda) es que ésta corresponde al  eneagrama armónico expresado en forma triangular.

Pero sobre la tierra, unidad y armonía son el fin y no el principio, todo tiende hacia ellas pero el trabajo de unificación y de armonización aún no ha sido terminado. Es tarea del pitagórico contribuir a tal trabajo creando armonía en sí mismo y en torno a sí, tomando al cosmos como modelo. Éste es ya una estructura ordenada según número y armonía.

Interrogado sobre el fin para el cual el hombre fue creado, Pitágoras respondió: “Para observar el cielo” (Aristóteles, Protréctico). Siguiendo este precepto, los pitagóricos se dedicaron con gran empeño al estudio de la astronomía y desarrollaron una compleja cosmología, cuyo aspecto más extraordinario reside en el hecho de que desplaza a la tierra del centro del universo y la transforma en un planeta que gira alrededor del centro (Aristóteles, De caelo).

Esta idea no tiene precedentes conocidos y representa un increíble salto en la imaginación científica. Pero para los pitagóricos el centro del sistema no es el sol: es un “fuego” central no visible desde el lado de la tierra en que vivimos. El sol, la luna y los otros planetas conocidos, junto a una contratierra, no visible por la misma razón, completan el sistema según el sagrado número diez. Pero el fuego central desde el cual el sol obtiene su luz reflejándola como un espejo, es considerado por los pitagóricos un principio espiritual además de físico.

Los cuerpos celestes se mueven según leyes precisas y las distancias recíprocas se expresan por medio de relaciones numéricas análogas a las que regulan los sonidos armónicos. La descripción de la estructura del cosmos se encuentra en el Timeo de Platón, que es un desarrollo de temas pitagóricos. El diálogo toma el nombre del pitagórico Timeo de Locri. El cosmos es como una lira de siete cuerdas: en su movimiento ordenado, cada uno de los cuerpos celestes emite una nota de la octava, creando así una música de indescriptible belleza –la armonía de las esferas– que sólo el iniciado puede oír y a la cual intenta acercarse la música humana.

La teoría de la armonía de las esferas es atribuida a Pitágoras por Aristóteles (Metafísica). La descripción de cómo el movimiento de los cuerpos celestes genera esta música primordial se encuentra en Platón, La República (El mito de Er). La teoría de la armonía de las esferas probablemente es de origen babilónico.

Pero el cosmos no es simple materia ordenada, imagen ésta que aun un moderno físico aceptaría, sino que es un ser vivo, un animal divino, porque divino es el principio de la armonía sobre el cual ha sido construido. Como todo ser vivo, el cosmos respira: respira la sustancia del apeiron que es su nutrimento. De su alma –el alma del mundo– participan las infinitas vidas individuales, partes de un único organismo. Y es por esto que todos los seres vivientes deben ser considerados parientes entre sí.

En síntesis, la disciplina morfológica de la cual hemos dado esta rápida e incompleta descripción, era utilizada por los pitagóricos como medio de purificación y elevación del alma. Las almas individuales, de hecho, aunque inmortales y de naturaleza divina, en el estado encarnado poseen aspectos no ordenados y antagónicos, vibran con notas discordantes, están afectadas por formas de desorden e irracionalidad. Es esta falta de unidad lo que las mantiene ligadas al ciclo inexorable del nacimiento y la muerte.

A través de la filosofía, las almas prisioneras del cuerpo e inmémores de su naturaleza inmortal, entran en resonancia con el divino principio del orden y la armonía, y se liberan de su tumba en el mundo del transcurrir. Pero su peregrinación de cuerpo en cuerpo, de tiempo en tiempo, no es vano porque según los pitagóricos es de esta manera que el principio del desorden y del caos se reconduce hacia la armonía. La encarnación del alma y su ciclo terrestre tienen como finalidad la espiritualización del mundo."

Todo el texto está resumido de Los Presocraticos, una investigación de Mariana U. en 2007, integrante del Nuevo Humanismo, realizada en el Parque de Estudio y Reflexión de Punta de Vacas, Mendoza, Argentina. Esta investigación se centra en el estudio de los principales rasgos de los filósofos presocráticos, que aparecen entre los siglos VII y V siglo antes de nuestra era, relacionados con los orígenes del pensamiento occidental. 
 

sábado, 21 de mayo de 2011

Pitagoras


Síntesis de los ANTECEDENTES DE LA DISCIPLINA MORFOLÓGICA

En el Pitagorismo hay una fuerte influencia del Orfismo, de modo tal que se presentan tantos puntos en común, que resultan de difícil distinción y su influencia recíproca es innegable.

Orfeo Era el más grande de los poetas de Tracia en el siglo VI,a.C. Se dice que inspirado por las Musas, habría inventado la lira y enseñado a los hombres la música y la escritura. Vivió una generación antes de Homero y participó en la mítica expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro, relatada en la Iliada y la Odisea.

Habría introducido en Grecia las “orgías”, es decir, los ritos de Dionisio, En el mito de Dionisio la raza humana ha nacido de las cenizas de los Titanes. A causa de este origen posee un aspecto malvado y cruel; pero  también una chispa divina. El ser humano es animal y dios. El objetivo de la vida órfica es la purificación del animal humano y la liberación de su parte divina.

Esos dos aspectos están representados por Apolo, que es el dios de la sabiduría calma y ordenada, del arte como proporción y armonía. Su atributo es la lira que crea una música persuasiva, apaciguadora, en contraposición a la flauta de Dionisio que induce al frenesí, a la agitación del alma, a la 'manía'. Pero la oposición entre las dos figuras divinas es sólo aparente: uno de los misterios sagrados era precisamente el reconocimiento de su unidad. En síntesis, Orfeo ha enseñado a través de los misterios de Dionisio que no es posible conocer la vida si no se ha experimentado la muerte.

Otro punto fundamental en la especulación religiosa órfica es el destino del alma humana. Aquí nos encontramos en lo opuesto a la visión griega tradicional. Para los héroes homéricos la verdadera vida es la vida del cuerpo. Los órficos revierten completamente esta visión: el alma es la parte divina del ser humano, es parte de Dionisio, y se encuentra prisionera en el cuerpo como en una tumba.

El alma para los órficos no es el intelecto o el razonamiento discursivo, que también diferencian al ser humano del animal. Las funciones racionales y sensitivas son para los órficos parte del cuerpo y mueren con él. En cambio el alma es un ser divino que es atraído por el cuerpo y le da vida.

Sin el alma el cuerpo no puede vivir, pero la entrada en el cuerpo es para el alma una especie de muerte de la cual se libera con la muerte física. Con la muerte del cuerpo el alma va bajo tierra, al Hades, donde se presenta a un juicio. La idea de una justicia equitativa en el otro mundo ha sido desarrollada en Occidente por los órficos. Castigos terribles esperan al pecador, mientras el justo vivirá en comunión con los dioses subterráneos, participando en el “banquete de los puros”.

Pero al final el abismo restituye las almas a la luz: ni las penas ni los goces son eternos. Y las almas vuelven a la tierra a reencarnarse. El cuerpo será elegido en base a las acciones cumplidas en la vida precedente. El alma que se reencarna olvida su pasado. Es por esto que en el Orfismo se le da una gran importancia a la memoria, Mnemosyne. Lo mismo vale para el alma que ha abandonado el cuerpo: el viaje al Hades, debe ser recordado, guiado, dirigido.

Los órficos desarrollaron una literatura funeraria análoga a la egipcia en la cual el alma del difunto recibe indicaciones sobre el recorrido que debe seguir y las dificultades que encontrará.

Las teorías órfico-pitagóricas sobre el destino del alma, las prácticas ascéticas y purificadoras, la abstención de comer carne y de los sacrificios sangrientos, encuentran un paralelo sorprendente con aquellas de los movimientos hindúes: el movimiento de los Upanishad, el Jainismo y el Budismo que sucedían simultáneamente en Oriente.

El impulso subyacente al Pitagorismo fue de orden espiritual y místico. Pitágoras es el arquetipo del filósofo considerado como sabio, que enseña a los hombres el significado de la vida y de la muerte.

Los relatos nos dicen que desde muy joven inició un largo período de viajes que lo llevaron en primer lugar a Egipto, donde habría entrado en contacto con la clase sacerdotal, para trasladarse después a Babilonia. Fue discípulo de Zarathustra y de los Magos, de los cuales habría tomado los fundamentos de su doctrina. No es improbable que Pitágoras haya hecho varios viajes al Oriente y entrado en contacto con las tradiciones religiosas orientales.

Pitágoras emigró a Italia meridional alrededor del año 530 a.C. para evitar la sumisión a la tiranía. "Aristoxeno dice que Pitágoras, a la edad de 40 años, al ver que la tiranía de Polícrates era demasiado presionante como para que un hombre libre pudiera resistir un sometimiento y despotismo semejante, emigró, por esta razón, a Italia.” En Crotona desarrolló, durante la mayor parte de su vida, una intensa actividad como reformador social y religioso y fundó su famosa Escuela.

Con su autoridad, hizo que el pueblo, que había caído en una vida de lujuria, retornara a la simplicidad, Pitágoras  alababa diariamente la virtud y relataba las depravaciones y el destino de las ciudades arruinadas por esta peste. Provocó en la multitud un entusiasmo tal por la simplicidad de vida, enseñando a las mujeres separadamente de sus maridos y a los hijos sin la presencia de su padres.

Aunque las fuentes antiguas magnifiquen la capacidad oratoria de Pitágoras, es más probable que la influencia de su enseñanza haya sido gradual. Pero sobre esta influencia no hay dudas.

La presencia de Pitágoras en Crotona, el desarrollo de la Escuela y de las asociaciones políticas pitagóricas (las eterias, es decir, los clubes), coinciden con la expansión política y económica de la ciudad que nos es revelada por la arqueología. La vida intelectual se había trasladado ya a las florecientes colonias de Magna Grecia y de Sicilia. A fines del siglo VI a.C., alrededor de 20 años después de la llegada del maestro, los cargos políticos más importantes en Crotona y en las ciudades cercanas estaban ocupados por miembros de los Clubes pitagóricos.

El siglo VI a.C., se caracterizó, en muchas ciudades-estado griegas por la lucha entre el partido oligárquico, sostenido por la aristocracia terrateniente y el partido democrático o popular que ambicionaba una redistribución de la riqueza y de los cargos públicos. La lucha sin cuartel entre estos dos partidos llevó, en algunos casos, a la formación de tiranías, es decir gobiernos personales de hombres fuertes y sin escrúpulos, y en otros a la formación de gobiernos democráticos.

Si bien el gobierno de los pitagóricos en la Magna Grecia nos ha sido descrito como “aristocrático”, es más coherente pensar, teniendo en cuenta otros aspectos de su doctrina, que el ideal político de los pitagóricos haya sido el de una República de Filósofos, es decir, sabios y especialistas en el comportamiento humano. Y es con este sentido que la tradición nos presenta el ideal aristocrático de los pitagóricos: se trataría de un gobierno de los “mejores”, según la etimología de la palabra “aristocrático” y no de una oligarquía por nacimiento o por rédito. El ideal político de los pitagóricos debía ser muy cercano al de Platón, que alrededor de un siglo después haría lo posible por crear la República de los Filósofos en la Magna Grecia, apoyándose en algunos miembros de la Escuela Pitagórica como Arquita de Taranto.

La Escuela pitagórica alcanzó su máximo esplendor entre los años 500 y 450 a.C. en la Magna Grecia y continuó su existencia durante otro siglo bajo forma de comunidades repartidas por todo el mundo griego. Finalmente, como entidad organizada, desapareció hacia el año 300 a.C. El neo-pitagorismo pasó de Alejandría a Roma donde ejerció una profunda influencia sobre todo en las clases cultas y representó el último baluarte de la cultura griega contra el Cristianismo.

Vemos entonces que el Pitagorismo es principalmente una doctrina del alma y de su destino; tal doctrina, que se desarrolla en torno a la reencarnación y a la metempsicosis, no es distinguible de la de los Órficos. Por lo tanto, en el eje de la especulación de Pitágoras encontramos un interés religioso: la purificación y la liberación del alma inmortal del ciclo inexorable del nacimiento y de la muerte. Sólo que para Pitágoras, tal purificación y liberación se pueden alcanzar no solamente a través de los ritos mistéricos transmitidos bajo el nombre de Orfeo, sino también a
través de la 'filosofía'. Con este término, del cual se dice que Pitágoras ha sido el inventor, debemos entender una disciplina de la Forma que incluye la música, la aritmética, la geometría y la astronomía.

Aquí encontramos el aspecto más original del pensamiento de Pitágoras, aspecto que ha influido, en forma determinante, toda la cultura occidental. Para Pitágoras, la ciencia, la filosofía, la música no eran ciencias independientes con un fin en sí mismas, sino que eran medios para la
purificación y la elevación del alma. Las investigaciones y los descubrimientos que los pitagóricos efectuaron en el campo musical, matemático y astronómico, tenían un objetivo ético-religioso. El estudio del cosmos servía al discípulo para entrar en concordancia con las leyes que lo gobiernan y por lo tanto para adecuar a éstas su propio comportamiento. La música servía además como técnica catártica y médica en cuanto era capaz de inducir en el alma sufriente y dividida un estado de unidad y paz. Esto tenía consecuencias también sobre la salud del cuerpo
porque, según los pitagóricos, la música se fundaba sobre el mismo principio de base –la fusión y la armonía entre los opuestos– sobre el cual estaban construidas el alma invisible y el cuerpo visible del ser humano y del universo.

Lo mismo se puede decir acerca de la actividad política. Ésta no se dirigía a la conquista del poder de decisión o económico, sino a la creación de un estado que, en su organización, reflejase el orden matemático-musical del cosmos, revelado por la doctrina de la Forma.

En síntesis, el Pitagorismo resulta ser un conjunto de doctrinas muy complejo y articulado en donde predomina la instancia religiosa, pero donde también encuentran su lugar los aspectos más diversos de la actividad humana. Estos aspectos no son separados e independientes, sino que reconducen a ciertos principios-base que regulan la vida humana y la del cosmos. A este conjunto de doctrinas le corresponde una serie de reglas de vida y de procedimientos ascéticos y un sistema de instrucción filosófica, teórica y práctica. La vida pitagórica tiene como objetivo el purificar y armonizar el alma humana –tanto individual como social– y asimilarla al principio divino que gobierna el universo.

Bio
Nació en la Isla de Samos, actual Grecia, hacia el año 580 a.C., y murió en Metaponte -actual Italia- hacia el año 500. De su vida se sabe muy poco, incluso algunos dudan de su existencia. De hecho los datos biográficos con que se cuenta son realmente dudosos. Según algunas fuentes su padre, grabador o comerciante de piedras preciosas, disfrutó una vida más o menos tranquila en cuestión económica, por lo que le brindó a su hijo una adecuada instrucción. Así Pitágoras aprendió sobre el cultivo del cuerpo y el espíritu.

Lo que sí es seguro, es que Pitágoras huyó de la tiranía de Polícrates, quien por aquel entonces gobernaba la Isla de Samos. Se asentó en Crotona, ciudad portuaria del golfo de Tarento (baja Italia), donde fundó su asociación filosófica, religiosa y política. Se la conoció como la escuela pitagórica, que sirvió de modelo a otras que surgieron en sus alrededores.

La filosofía de Pitágoras se conoce sólo a través de la obra de sus discípulos, ya que no dejó nada escrito, porque consideraba a la palabra escrita algo muerto. La comunidad que éste lideraba se convirtió en una fuerza política que hizo enojar al partido demócrata, lo cual provocó una revuelta que lo obligó a pasar los últimos años de su vida en Metaponte.

El pitagorismo fue, en resumen, un estilo de vida. Se inspiró en un ideal que se basaba en la comunidad de bienes, cuyo principal objetivo era la purificación de sus miembros a través de cultivar el saber, donde la música y las matemáticas eran sumamente importantes. El camino de ese saber era la filosofía, término que, según la tradición, Pitágoras fue el primero en emplear en su sentido literal de "amor a la sabiduría".

También se le atribuye haber transformado las matemáticas en una enseñanza liberal mediante la formulación abstracta de sus resultados. éste es el caso del famoso teorema que lleva su nombre y que establece la relación entre los lados de un triángulo rectángulo. En este tipo de triángulo la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa.

A su vez, en su escuela se realizaron amplias investigaciones matemáticas. En ellas se encuentran sus estudios de los números pares e impares y de los números primos y de los cuadrados, esenciales en la teoría de los números. Desde este punto de vista aritmético, cultivaron el concepto de número, que llegó a ser para ellos el principio de todas las cosas. A través de estos estudios, se estableció una base científica para las matemáticas.

Asimismo, a Pitágoras se lo considera el creador de la geometría y el descubridor de la octava musical. Los pitagóricos dedicaron buena parte de sus reflexiones a la música, y establecieron la relación entre el ritmo musical y el proceso lógico del número y sus combinaciones.

La astronomía de los pitagóricos marcó un importante avance en el pensamiento científico clásico, ya que fueron los primeros en considerar la tierra como un globo que gira junto a otros planetas alrededor de un fuego central. Explicaron el orden armonioso de todas las cosas como cuerpos moviéndose de acuerdo a un esquema numérico.

Todo el texto está resumido de Los Presocraticos, una investigación de Mariana U. en 2007, integrante del Nuevo Humanismo, realizada en el Parque de Estudio y Reflexión de Punta de Vacas, Mendoza, Argentina. Esta investigación se centra en el estudio de los principales rasgos de los filósofos presocráticos, que aparecen entre los siglos VII y V siglo antes de nuestra era, relacionados con los orígenes del pensamiento occidental. 

sábado, 5 de febrero de 2011

La virtud del fracaso

Por Kevin Kelly 

Podemos aprender tanto de un experimento que no sale bien como de uno que sí funciona. No debemos evitar equivocarnos; más bien, es una práctica que deberíamos cultivar y fomentar. Es una lección de la ciencia que podría beneficiar no sólo la investigación sino al diseño, a los deportes, la ingeniería, el arte, la vida en general.

Un gran diseñador gráfico genera un montón de ideas sabiendo que la mayoría terminarán siendo desechadas. Lo mismo ocurre con los arquitectos, escultores, microbiólogos. ¿Qué es la ciencia después de todo si no una manera de aprender de aquellas cosas que no funcionan, de nuestros propios errores?

Esta perspectiva sugiere que deberíamos aspirar a triunfar al mismo tiempo que nos preparamos a aprender de una serie de errores.

Pero hoy en día el fracaso no es tan noble. En la actualidad, el error no es considerado ni por asomo como una virtud. Es, en cambio, un signo de debilidad, un estigma que prohíbe segundas oportunidades. A los niños se les enseña que equivocarse conduce a la desgracia, que uno debe hacer todo lo que tiene al alcance para triunfar sin equivocarse.

Asociada a la idea de aceptar el fracaso está la noción de romper cosas complejas para hacerlas mejor. A menudo, la única forma de mejorar un sistema complejo es probarlo hasta sus límites forzándolo a fallar. Por lo general, los ingenieros testean un programa informático haciendo todo lo posible para colgarlo. Los grandes inventores tienen tanto respeto por romper cosas como los científicos tienen paciencia para lidiar con los errores. Ellos lo saben: fracasar es un camino más al éxito.

Kevin Kelly es el cofundador de la revista Wired. Es autor del reciente y magnífico libro What Technology Wants (Lo que la tecnología quiere).